martes, mayo 5

Where the wild things are

Me encuentro cultivando la virtud de la paciencia (que crece en una maceta que tengo en mi ventana y a la que le están naciendo hijitos-trébol alrededor) por lo que antes de tener pensamientos malos respiro hasta diez y pienso que hay miles de cosas mucho peores con las cuales lidiar.

Hoy a la mañana esperé 50 minutos a que llegara el tren, y como estoy inaugurando este sistema de purificación del aura, me compré unas pepas terepín en el kiosco del andén mientras pensaba en las cosas que le iba a decir a A después del episodio del jueves en el que muy descaradamente sugirió que yo hiciera unas cosas que en realidad le competen a ella. Una versión mía bastante anterior e incivilizada le hubiera tirado todo sobre su escritorio y la hubiera señalado con el dedo índice. Mi versión remasterizada decidió dejarle esta mañana todos los papeles sobre su escritorio en notoria señal de rechazo. Pero ante todo, altura.
El plan B (en caso de que osara cuestionarme) era un diálogo que ensayé en mi cabeza en el viaje en tren a la mañana y que más o menos era así:

A: y estos papeles?
C: son los que me diste el jueves
A: .
C: sí, porque es tuyo, lo vas a tener que hacer vos
C: la verdad es que estamos todos con mucho laburo
C: imagináte que a mi jamás se me hubiera ocurrido pedirte que hicieras mis cosas
C: porque soy una persona considerada

Acto seguido me siento en mi escritorio y abro las Terepin. Y me meto como cinco en la boca.

Fin.

1 comentario:

Anónimo dijo...

te felicito che