lunes, abril 28

Placa que amaneció en mi correo en el día de hoy


Gentileza de Festi.
Me gustaría una playita.

martes, abril 22

Seiscientas

Oh, no! esos malditos rulos

Decidí que voy a cortarme el pelo y quizás hasta me atreva a hacerme alguna cosa extraña también. Flequillo no, porque no soy apta para flequillo y ya tuve suficiente de eso cuando mi mamá decidía sobre mi persona, pero quién te dice. Generalmente voy a la peluquería a hacerme este tipo de cosas cuando tengo ganas de matar a alguien y cuando salgo tengo ganas de que alguien me aniquile y me explique cómo pude permitir que me hicieran una cosa así.

Pero no importa, después crece.

Lo que me lleva a querer cortarme el pelo ahora no es la irascibilidad, sino algo que me tiene muy intrigada y que me gustaría resolver. Pero bueno, ahora hay que esperar.

Untando una pedazo de gruyère con miel (ohhhhhhh!), pensando de pronto en cosas que hacer: comprar una cubetera porque mi nombre empieza con "C" (así resolvimos para la despedida de Anita) y de paso también Raid para las cucarachas; sacar turno con Blanquita; enmarcar la pintura que me regaló Carlos; y mañana curso otra vez.

domingo, abril 20

Pero leémelo con british accent, eh?



"And he was sizzled up like a sausage..."

sábado, abril 19

Esto y esto

Durante un mes me negué a abrir los cajones de mi escritorio porque resultó que un día estaba buscando el cargador del celular y con el cable vinieron de las manitas dos cucarachas.

Después de gritar y de patear el escritorio como tres veces para que salieran de ahí y darles con todo el rigor de la zapatilla, bajé y le planteé a Graciela nuevamente todo este tema de las cucarachas que habitan en su casa, y muy especialmente de la familia que se estaba gestando en mi escritorio:

c: no vas a fumigar?
g: ...
c: es un asco
g: pero de qué color era?
c: MAMÁ-

Tuve que explicarle de nuevo sobre el documental en Animal Planet, con detalle en la parte que decían que por cada cucaracha que ves, hay doscientas que no ves (pero tuve que distorsionar un poco los datos para que el golpe fuera mayor).

c: como quinientas...

Cuestión que después de ese episodio no volví a abrir el escritorio hasta el día de hoy, en busca de las fotos de México -que no encontré- Sí di con una selección de fotos viejas, entre las cuales había un par decididamente bien escondidas, de esa etapa complicada que todos hemos tenido y nadie quiere recordar.

Y ahora un café con leche batida, con Billie Holiday de fondo, me descalzo mis chatitas rojinhas a lunares blancos y me voy a bañar.

viernes, abril 18

"La medida cautelar es como un helado" (Grispo)

La mayoría de la gente piensa que el derecho es aburrido, con miles de normas escritas, imposibles de entender, imposibles de abarcar y retener. Y que los doctrinarios son pedantes y aburridos.

Grispo, en cambio, viene un día y de repente te dice que las medidas cautelares son como un helado.

Y que el conflicto societario es como un conflicto conyugal, en el que a veces uno termina durmiendo en la bañadera.

jueves, abril 17

De mi no autoría

1. "Argentina es el país del ticket" (LJB)

2. "La gente te quiere más si festejás tu cumpleaños" (SLB)

Que voy a desarrollar en otro momento, cuando esté verborrágica y no tan quemada.

lunes, abril 14

Wishlist de esta temporada

1. Unos guantes de cuero violeta o bordeaux
2. Algo con cilantro
3. Una piñata
4. Massage in my feet (y en la espalda, si puede ser)
5. Gatorade azul
6. Una bolsa de agua caliente colorada con forma de corazón (así de grasa), o encontrar la que perdí
7. Unas botas de lluvia
8. Discernimiento

domingo, abril 13

(!!!)

A la tarde nos tomamos una lancha y fuimos (padres putativos, Rocco y yo) a la casa de Miguel D'Arienzo, que vive en el Delta y tiene un perro que se llama Groncho.

Recorrimos su taller, su casa y el museo, que están conectados por puentes.

En el taller había varios discos de Nina Simone (yeah), y libros de pintura apilados. Había uno de koek koek, por ejemplo. Y en una mesa, todas las pinturas desparramadas. Y una serie que está pintando.

Después nos preparó chocolate caliente con whisky para paliar el frío -MUCHO- frío, y comimos budín de pan y pasta frola. Y charlamos.



Me encantó el cuadro que tenía arriba del sillón blanco. Eran dos tablas de madera, con un paisaje del Delta. En el de la izquierda, estaba pintada la luna; en el de la derecha había como un muelle o algo así.

Y sobre la mesita ratona tenía una una escultura de una mujer-muerte, mexican style, que yo pondría arriba del cajón de mi cuarto.

Me quedé con las ganas de ver qué onda los patos, pero eso no era propio de una primer visita.

La vuelta en lancha fue con tantito de lluvia.

Grosum.

domingo, abril 6

RE: Puta que te extraño



Sabía que no estabas, pero bueno, miraba así por encima de la gente imaginándome que te veía por ahí, con un gin tonic en la mano, descocando. Me hizo sentir bien eso.

Puta que te extraño. No se me ocurre mejor subject para tu mail. Y es TAN recíproco, Concho.

sábado, abril 5

Festi gusta de las medialunas de grasa

La naturaleza de las cosas indica que en el caso nuestro (de mis amigas) la vida es lo que acontece entre bocado y bocado.

Después del casamiento de Cuini ayer, la naturaleza indicaba que el bocado del día serían facturas de Rosa de América, panadería amiga de Pauli. TODO EL MUNDO SABE que las facturas más ricas son las de panadería de barrio (excepto las de Los Dos Escudos, que compiten têtê à têtê ). Con coca light.

TODO EL MUNDO (también) SABE que el miedo de estar con alguien, de empezar una relación, es directamente proporcional a la edad.

Las ganas de estar bien con alguien, y las ganas de estar tan bien sola. Dicotomía que, en los tiempos que corren, tiene como consecuencia lógica comportamientos que bajo un estado de lucidez mental jamás acontecerían.

Cuadro de Eli



Publicado sin permiso.

jueves, abril 3

Quiet is the new loud

Hoy estaba alicaída. Es triste estar triste, pero más complicado es cuando la gente te lo ve en la cara, y vos hacés el esfuerzo para que las cejas no se te caigan, para que los agujeritos que se te hacen en los cachetes cuando sonreís estén frappé. El problema radica entonces en que la recepcionista te pregunte por qué tenés cara triste - te pasa algo?, y después Marianela, y después Ine, y después mi bienaventurado Jota, que siempre siempre se da cuenta, y en ese sentido, Jota tiene un sexto sentido que lo hace mi mejor amiga en circunstancias como la que sigue.

Me pregunta vía mensajito por qué estoy triste. Entonces me asomo por la mampara (que nos separa), lo miro y lo veo serio mirando el monitor, esperando que le responda.

Entonces me desestiro (porque para verlo por encima de la mampara -que nos separa- me tengo que estirar un poco). Me desestiro y le contesto, por el mismo medio, que después le cuento, que no sé bien qué es, que necesito pensarlo un poco.

Le pregunto cómo puede ser que se de cuenta siempre-siempre.

Entonces le invento palabras, como suelo hacer en situaciones como esta, como para atomizar su atención. Le digo algo con porositud, le digo algo con perfectitud, y le digo también shoshi en tu corazón y si quiere una Frutigrán de salvado.

Me dijo que galletita no gracias, pero que no entendió lo de shoshi, entonces procedí a explicarle los orígenes de la palabra, en qué contexto se usa y qué complementos circunstanciales de tiempo y lugar se le puede aplicar.

Como por ejemplo: shoshi in your heart.
Como por ejemplo: shoshi para siempre.

La explicación concluyó con el link de la página de Shoshiland, y de cómo llegué a esa página un sábado de aburrimiento aniquilador con Lulu.

Hace tiempo que no me sentía así de triste. Con tantas cosas en la cabeza, con tanta confusión y desorden hormonal.

lunes, marzo 31

Feliz cumpleaños Concho

Ayayayay AY.

Res non verba

Pero si las vacas hablaran, dirían:

1. Está loca.
2. Yo no la voté.

viernes, marzo 28

Era rosa y frambuesosa

El migral sabe muy bien, y además es rojo.

Marketing.

Cuando tenía seis, tuve una época en la que se me daba por preparar limonada. Y para que tuviera un color más lindo le agregaba mejoralitos.

A escondidas de mi madre.


Nico.

Pulir - Encerar y viceversa y bises

Lo mejor de que empiece a hacer frío es que por fin vamos a liberarnos de tanta cucaracha hurgando entre las cosas.

Ayer en el 152, camino a mi sesión de medicina china: una bananita dolca de las que nos compramos con Jota en Farmacity (Oferta: 5 x $3,50) que a mi gusto estaba añejada (solución: pastillas con gusto a Mojito).

La mujer (que no es china, pero ejerce esta medicina) me miró el pie izquierdo, intentó arrancarme el dedo gordo como cuatro veces, y terminó pegándome en las articulaciones con un martillo de madera. Yo me agarré fuerte de la silla y me mordí el labio porque verdaderamente dolía, pero nunca dejé de mirar (esa cosa medio morbosa y masoquista que uno tiene a veces). Y porque soy valiente, y porque tengo tres cicatrices, pude permitir que me destrozara el dedo gordo de mi preciado pie izquierdo en la inteligencia de que si me banco que lo manipule como un joystick durante un tiempo y la dejo que me pinche con sus agujas de acupuntura, va a lograr arreglarme el pie sin tener que operármelo (a contrario sensu de lo que dijo el traumatólogo ese que era IGUAL a Guillermo de Holanda, que me atendía y yo pensaba ‘no podés ser TAN TAN igual, no podés-no podés, qué cosa, no se puede creer, che’).

Yo me presto sin pudor a esas cosas. A las flores de Bach, a las de California, al té de kombucha, a la digitopuntura, a que me tiren del cuerito, a tomar Wunderbalsam, a que me limpien el aura, a comprar productos desconocidos con etiquetas lindas en el Barrio Chino para embarcarme en la aventura de ver a qué saben, a comer chapulines con limón y sal. A comprobar empíricamente si algo está vencido. A visitar a la mujer que muele a martillazos mis articulaciones para arreglar mi pie izquierdo. Y me clava agujas.

Después me dijo que me comprara un martillo como el de ella en el Barrio Chino, y que me martillara el pie mientras miraba tele (sic), para no perder continuidad en el tratamiento.

Mientras miro Animal Planet, me imaginaba yo.

Además de haber varios sahumerios prendidos, había un ba guá colgando de la puerta, un ying yang en otra, un espejo, y un pincher muy chic con un collar con piedras violetas colgando. La secretaria se llama Norma y tenía puestas unas medias de descanso (por supuesto).

Comprar acrílicos fosforescentes para terminar de pintar el ojo de buey que me regaló Rocco á lo Orwell (los acrílicos fosforescentes: existen? dónde los venden? a qué saben?). Empacar. Tomarme un té de algún yuyo para ver si logro bajar la medialuna con dulce de leche que me quedó a mitad de camino en el tubo digestivo, entre el estómago y la garganta, y que me está dando dolor de cabeza y náuseas. Anotar en algún lado eso que leí que me hizo, hace, está haciendo y no ha de cesar hacerme reír (jamás), depilarme, encontrar qué ponerme para un casamiento en la playa (qué se pone la gente para un casamiento en la playa?), barnizarme las uñas con esmalte living red, real red, red hot, just right red: colorado, en cualquiera de sus presentaciones. Hacer algo con mi dolor de cabeza. Tirarle cosas a alguien para sanar mi dolor de cabeza.

Dormir.

Eso, dormir.

Y tirarle cosas a alguien (eso me resulta terapéutico).

O cortarle el pelo a alguien (también me resulta terapéutico).

Y que me den besos. Absolutamente terapéutico.

martes, marzo 18

Hueve

Hueve en Buenos Aires, copioso, frío y mouillé.

Pero mi amigo Ed Sullivan est arrivé à temps con sus esclavos camboyanos y me proveyó de cuatro títulos para mirar endemientras.

Marie Antoinette, por ejemplo.

domingo, marzo 16

sábado, marzo 15

viernes, marzo 14

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Ahora tenemos que esperar.

jueves, marzo 13

Exégesis



Tener tanto tiempo para mi y no poder salir de casa son dos circunstancias que sumadas me han llevado por caminos inimaginables (e intransitables en otros momentos de mi vida) tales como ponerme a ordenar los libros de mi biblioteca no por tamaño, no por tema, no por autor, sino por color, y a aplicar el mismo criterio a mis remeras. A pegar una tirita de mis zapatos rojos a lunares con la gotita (gel), a leer las instrucciones del lavarropas para maximizar su uso, a cocinar una marquise de chocolate porque teníamos visitas, y a autoconvencerme de que mis hematocritos están en proceso de multiplicación.

La gente dice que después de acontecimientos turning point, la reflexividad, la obsesión por el orden y la actitud de canto a la vida, te duran un mes como máximo, pero que después de eso volvés a ser la misma. La gente también te llama para preguntarte cómo estás y qué te pasó, y cuando les explicás cómo fue y les decribís tu anatomía se alegran de que todo haya pasado y de que estés bien, pero después te dicen “bueno, chau, nos vemos”. Y lo dicen con buena onda, pero en el fondo fondo-fondo saben que es mentira. En el fondo-fondo sólo buscan evitar tener que enfrentarse a la otra persona y decirle la verdad, decirle que “después de esto no voy a saber más de vos y vos no vas a saber más de mi”. Porque decirle al otro que se trata de una auténtica despedida (de las tristes y conscientes) generaría tensión, implicaría ser más cuidadoso con las palabras y exigiría que nos detuviéramos en detalles como (i) qué tenía puesto el otro, (ii) si había o no música de fondo y (iii) si hubo abrazo, qué perfume tenía puesto. Y a la inversa, la gente también dice “chau, nos vemos” para evitar enfrentarse con el “no nos vamos a ver nunca más en la vida”, después de la despedida (que vendría a ser una vez que colgaste el teléfono, o te dejó [lo dejaste] en tu [su] casa, o lo que sea). Y como en el fondo saben que se están engañando, hacen de cuenta como que la despedida no es para siempre, entonces esas palabras tan formales y tan absurdas "nos vemos" sólo sirven para que la despedida no duela, para que pase desapercibida, sin lesiones aparentes.

Lo más triste de las despedidas es el nunca más en la vida. Es el ser consciente de que ya no vas a saber de mi, ni yo voy a saber de vos, y que voy a borrar tu número y ya no te voy a escribir ni te voy a saludar para tu cumpleaños; y debe ser que uno se pone triste por eso, porque en el fondo uno se da cuenta de que esa persona o esa historia se (le) muere.

Por eso nos mentimos y decimos “nos vemos” cuando en realidad sabemos que eso no va a pasar, pero elegimos no enfrentar eso, elegimos no decirnos esas cosas porque es más fácil así. Entonces en vez de cerrar las etapas como corresponde, qué se yo, en vez de ser honestos y enfrentar a la muerte y a las despedidas y que en el fondo todo bien pero no te quiero tanto-tanto, ponemos cara de nada y hacemos de cuenta que en realidad no nos importa y no nos duele y después de cumplir nos vamos contentos, con la frente en alto, acá nadie dijo nada, porque esto fue un simple “nos vemos”, yo no me despido de nadie y no entiendo por qué te ponés así, por qué insistís con eso de ponerte triste si dije "nos vemos" y nada más.


No te me mueras


En mi (corta) vida, tuve muchas muchas despedidas. Algunas fueron despedidas de las de adeveras, de gente que quise mucho, y otras fueron despedidas transitorias, de gente que después volví a ver.

Una de las más tristes que me acuerdo fue la de mi abuela Carlota. Tuvimos dos despedidas: la primera fue cuando todavía me reconocía, y tenía puesto el anillo de plástico celeste que le regalé una vez. Estábamos sentadas las tres en un jardín, en unas sillas de plástico blanco. Y no me acuerdo bien de qué hablábamos, pero si me acuerdo de lo que estaba pensando en ese momento. Estaba pensando en el sweater con lana de todos colores con punto santa clara que me había tejido cuando era chica, estaba pensando en su pekinés, en su casa de Bulnes y Libertador y en los cuentos que le armaba con las figuritas repetidas de Frutillitas.

La segunda vez que nos despedimos, ella ya no me reconocía y estaba dormida. Ya no tenía puesto el anillo de plástico celeste, y había algunas hormigas caminando por el suero.

Después hubo otras despedidas de gente que todavía existe. Uno tiene esa sensación tan fea de que cuando uno se despide, de que cuando uno da el último abrazo y se da vuelta y se va caminando, ahí sí se le muere un poco esa persona. Y en el momento uno no se da cuenta de los detalles, uno en realidad está concentrado en las palabras. Y después uno se va, y cuando se da vuelta para ver si la otra persona sigue ahí y ve que no está, trata desesperadamente de retener algún detalle, de encontrar alguna cosa que después convierta la despedida en un recuerdo más real. Para que esa persona no se le muera (tanto).

Como qué corbata tenía puesta. Qué esquina era. Si estaba nublado, si llovía. Si cruzó la calle y volvió por la vereda de enfrente, o si volvió por donde vino.

miércoles, marzo 12

A punto de matar por un pedazo de chocotorta

Si se me apareciese el indio lampiño en taparrabos de El mundo según Wayne y me regalara un deseo, le pediría que las pastillas de hierro tengan gusto a chocotorta.

O que el hígado tenga gusto a chocotorta.

O que venga Jude a cocinarme una chocotorta fortificada con hierro.

En síntesis, cualquier cosa que tenga una chocotorta como objeto directo, y me permita ingerir la dosis necesaria de hierro.

martes, marzo 11

Casualties: 0

Pero ahora tengo no una, no dos, sino *tres* cicatrices. Una en el ombligo que ‘te prometo no se va a ver’, me dijeron. Otra un poco más allá de mi ombligo, de pongámosle un centímetro y algo, formando un perfecto isósceles con mi lunar preferido que si compitiera en un concurso de lunares, ganaría sin dudas el premio al más sexy. Después otra más hacia el sur, de la misma longitud. Todas prolijamente cosidas.

Conozco en detalle cada una de ellas porque mi espíritu morboso hizo que me tomara el trabajo de correr un poco las gasas, de fruncir la frente, y de mirar mientras fruncía la frente y entrecerraba los ojos para afinar la vista. Y después de recorrerlas una por una, concluí que estas mismas me van a acompañar por el resto de mi vida, así que más vale que nos queramos desde ahora: Susana, Berta y Elmer-bendito-tu-eres.

Lo mejor de estar así es que la gente te malcría mucho, y te dice todo el tiempo cuánto te quiere, y te vienen a visitar, y te llaman por teléfono y te ponen en el speaker y te hacen chistes. Y te dicen cosas como ‘qué bien que te la bancaste, impresionante’ y vos no decís nada, pero en el fondo sabés que eso tiene que ver con que el día en que naciste el sol estaba en leo, que es un signo de fuego, y la luna en piscis, que es de agua y por eso sos fuerte y sensible. Pero bueno, ellos no lo saben, para qué explicarles.

Y porque soy grande y porque soy pilla, y también porque me lo merezco por haberme portado *tan* bien, pido que me compren merengadas (que es el tipo de antojo que sé que existe en algún lugar de mi inconsciente, pero que mientras permanece aletargado no molesta ni reclama, hasta que en cuestión de segundos deviene absoluta e inexplicablemente necesario).

Así que con unas merengadas, con Susana, con Berta y con Elmer-bendito-tu eres, es un buen momento para ponerme al día con los libros que quería leer, para escribir y para pintar. Para cocinar unos brownies con nuez, para ordenar cosas, para dormir. Para contestar mails, para escuchar Radiohead.

Para correr de nuevo las gasas y mirarlas de nuevo. Una, dos, tres.

E.R.

'Esperá que traigo una silla de ruedas'

'No, dejá, si puedo caminar perfecto, si estoy parada no me duele y puedo respirar bien'

'No, no.. (apuntando a la silla) sentáte acá (mientras te acomodan los cosos esos para apoyar los pies y vos sólo querías salir por donde entraste y volver a tu casa y leer el diario del domingo)'

Acto seguido te llevan a la habitación 15, te desnudan, te ponen un camisolín, y sentís frío-frío mucho frío. Después te acuestan en una cama, y te ponen una vía, y te ponen unos zapatitos de quirófano porque tenés los pies helados, pero vos tenés que ser fuerte y por eso no querés llorar, pero en el fondo tenés miedo.

En el fondo tenía mucho miedo.

Entonces llegó mi mamá, y seguimos la conversación que habíamos tenido el sábado, cuando fuimos a Violeta. Y cómo el cuerpo a veces explota cuando ya no puede más.

Después vinieron las explicaciones de rigor, con dibujos y todo. Y mi mamá que es una excelente dibujante y ginecóloga, me dibujó el útero, las trompas, los ovarios, los folículos y me explicó lo que me había pasado, y cómo lo iban a solucionar. Pero yo me di cuenta de que ella también tenía miedo.

'Y vas a ver que enseguida te vas a sentir mejor, y vas a poder respirar bien'.

Y todo fue tan rápido que ni lo pude procesar.

Enseguida estaba en un quirófano. Y mientras me ponían la máscara para dormirme y me conectaban cosas, mi hermano se estaba lavando las manos y me hacía caras a través del vidrio. Y me hacía reír mucho. Yo le quería decir, no me hagas reír, guacho, que me duele todo y no puedo respirar. Se lo quise decir, pero no tenía fuerzas y me quedaba dormida. No me hagas reír, que me duele todo y no puedo respirar.

sábado, marzo 8

Only dead fish swim with the current

Mis mails favoritos son de la gente que está lejos. El favoritismo también aumenta cuando se trata de personas especiales, como Mery, que es mi amiga del alma, que la extraño, que la quiero. Sus mails son siempresiempre mis favoritos y me tomo unos días en contestarlos, como corresponde.

Si algún día el mundo está en contra mío, la quiero de mi lado. A ella y a Agus Tassara. Pero Tina se encargaría de la parte legal, y sería mi letrada patrocinante (si yo tengo los ovarios bien puestos, ella los tiene reforzados con hormigón).

Pero bueno, el mail de Mery-

[a veces las cosas que no siguen la corriente son las que más felices nos hacen. Te juro, del Michael me acuerdo pocas cosas... una de ellas fue algo que dijo una profesora... "only dead fish swim with the current..."]

Después su mail siguió con sus andanzas ["Loca hoy me tiré en parapente en LOS FUCKING HIMALAYASSSS de diez, increíble, una de las cosas más grosas que viví lejos! y dps estuve tda la tarde en un campo de refugiados tibetanos... increíble, en el medio de la montaña, rezando con los monjes. INCREÍBLE!]

Yo, en cambio, estoy revolviendo un Nesquik y mirando cómo se está nublando y empiezan a caer unas gotitas.

Me quedé con "only dead fish swim with the current..." [también con "Himalayas"]

Así que nada de estar muerta. Nada de eso. ["Parapente", "monjes"]

Ya mismo me pinto las uñas de rojo.